JUEVES SANTO – Día del amor fraterno

JUEVES SANTO – Día del amor fraterno

Momento un profundo encuentro fraterno (puede realizarse en la oración de Laudes o cuando se crea oportuno por la mañana)

El jueves Santo es un día litúrgicamente cargado de símbolos, celebraciones y ritos, siendo quizá el día del amor fraterno el que más se nos pasa por alto.

Arriesgarnos en las relaciones, palpar nuestra fragilidad, acoger lo que nos lleva a más amor, volver a intentarlo después de algún dolor; son paisajes que nos son comunes a todos cuando hablamos de familia, hogar, de comunidad.

Amar duele pero vale la pena, tejer y destejer y volver a tejer relaciones es el gran desafío, amar, perdonar y seguir amando. Algo que a primeras parece sencillo pero cuánto nos cuesta. Este tiempo de cuarentena es una gran oportunidad de encuentro, de volver a mirarnos a los ojos y reconocernos hermanos, hijos y familia de un mismo Dios y de una misma Iglesia.

Cantamos junto/as:

Como el Padre me amó yo os he amado.
Permaneced en mi amor,
permaneced en mi amor. (bis)

Si guardáis mis palabras y como hermanos os amáis,
compartiréis con alegría el don de la fraternidad.
Si os ponéis en camino sirviendo siempre a la verdad,
fruto daréis en abundancia; mi amor se manifestará.

No veréis amor tan grande como aquél que os mostré.
Yo doy la vida por vosotros, amad como yo os amé.
Si hacéis lo que os mando y os queréis de corazón,
compartiréis mi pleno gozo de amar como Él me amó.

(Recitamos juntos) SALMO 133

Ved qué hermosura y qué felicidad
el que los hermanos vivan siempre unidos.

Es como un perfume fino en la cabeza,
que baja por la barba,
por la barba de Aarón,
y llega hasta la orla de su manto.

Es como el rocío del Hermón
que baja por las montañas de Sión.
Allí manda el Señor la bendición,
la vida para siempre.

A dos coros, oremos y contemplemos este salmo de las relaciones, de esa Iglesia que vive bajo mi mismo techo, que es madre, padre, hijo/a, nieto/a, amig0/a y a la que tengo mucho que agradecer: por existir, por confrontarme, por espejarme, por alentarme en el camino. Es a esa Iglesia a la que alabamos y bendecimos este día, a la que decimos “Feliz por poseerte y que me poseas”. (hacemos resonancias).

ANTÍFONA (todos) :

Cuánto más te miro, Iglesia Santa, 
cuánto más te miro, más nueva te veo.

Déjate ver, Iglesia.

¡Es tu presencia un cántico nuevo, Iglesia bella!  Es tu belleza la que imprime huellas en mi historia. Eres sacramento universal de salvación, fuerza trasformadora de liberación en mis días. Eres belleza siempre nueva, misterio profundo de comunión, me confrontas, me espejas, me exiges, me salvas.

Porque el Señor ama a su pueblo, alabamos tu existencia. Tú, que, como buena Madre amas y cuidas la vida, te embarras en nuestro barro, caminas nuestros pasos y sales a nuestro encuentro. Tú, peregrina de la vida, que te dejas encontrar por todo aquel que de corazón te busca.

Que eres bella, oh Iglesia, bella por lo que reflejas, y es esa tu belleza la que nos da rostro y vida. Son tus entrañas dadoras de esperanzas, tus gritos de parto que reclaman presencia, es tu verdad la que incomoda y sacude, es tu ternura la que nos envuelve y renueva.

Eres la victoria del humilde y oprimido, eres voz potente de los silenciados de la historia, eres el brazo fuerte ante las injusticias, la lágrima herida de tantos atormentados Es tu corazón desgarrado el que ama, el que llora, el que se compromete.

Eres oportunidad para cuántos luchan, eres caricia que serena y calma, eres hogar donde muchos buscan refugio, eres paciencia que respeta y aguarda. Es en ti y en tu presencia que nos reconocemos hijos y hermanos, cuando tus nos hablas.

Son tus gritos que rasgan el cielo, son tus hijos los que llevas en tus espaldas, es tu corazón el que se deshace de ternura, el que se entrega con anchura y en Esperanza. Es tu insistencia, tu audacia y atrevimiento el que nos despierta y confronta en nuestras andanzas. Como un día te dijimos si, renueva en nosotras la entrega apasionada.

Tu profecía es fuego que nos enciende y prepara, es el gran tesoro por el que, dejándolo todo, te seguimos, y siguiéndote nos restauras. Es junto a Ti que todo se vuelve posible: las relaciones, la fraternidad, la comunión, la verdad, la paz. Junto a ti es posible, no porque sea fácil, Oh Iglesia bella, ¡sino porque caminamos juntos y “nos hacemos espaldas”.

 

JUNTOS:

¡Qué eres bella, qué eres amable, Oh Iglesia bella! ¿Y tú eres nuestra Amada, tú el objeto que robas nuestro corazón? ¡Qué eres digna de amor! ¡Feliz el que llegue a conocerte! ¡Feliz, oh Iglesia santa, el que llega a unirse contigo en fe, esperanza y amor! En fe, feliz el que cree en ti, porque te ve y te conoce. En esperanza, feliz el que no tiene sobre la tierra más esperanzas que en ti; feliz el que espera verte sin velos y poseerte; feliz el que ni tiene ni quiere más esperanzas que en ti; feliz el que no te espera sino a ti, porque posee la belleza infinitamente amable; feliz el que te ve, te conoce, te espera, porque te ama; feliz, y mil veces feliz el que te ama a ti sola, porque será correspondido y en ese amor tiene las delicias de la gloria, pues que en el cielo ya no hay más gloria que verte, poseerte y gozar de esta posesión».

Se pueden agregar estrofas espontáneas. “FELIZ DE TI, IGLESIA CON LA QUE HABITO….”

(Música instrumental)

Encontrarse a fondo con otra persona es siempre una aventura que no se sabe dónde acabará. Establecer hoy verdaderos encuentros ente “identidades inciertas”, con miedos y murallas es todo un desafío. El individualismo, que se atrinchera en la cultura actual para proteger su propio bienestar, está necesitado de encuentros de calidad que lo salven de su esterilidad narcisista y lo dispongan para ayudar también a otras soledades.

(Música Instrumental)

Solo el encuentro con la diferencia nos permite ensanchar nuestra casa, crecer como personas y anunciar el Reino de Dios. En el otro crece algo que está destinado a mi propio crecimiento, o se abre una carencia que está esperando mi propio don. Nos resulta fácil acoger la diferencia cuando llega en forma de comunión que llena mi soledad o plenifica mi vida de cualquier manera.  Pero nos resulta amenazador acoger al otro cuando lo percibimos como presencia que desequilibra mi instalación. El Dios diferente es a veces desequilibrante, porque nos pone frente a otros a los que amar tan heridos como nosotros, tan necesitados como nosotros, tan frágiles como nuestra propia fragilidad.

(Música instrumental)

yo entro en el territorio del otro de una manera respetuosa y vulnerable, no solo tolerándolo, sino acogiéndolo con su diferencia, ya me estoy disponiendo para el encuentro con Dios, que sostiene la vida de todos, que se esconde en el misterio de ese otro que tengo delante. Cada espacio hacia el otro es al mismo tiempo un paso dentro del misterio de Dios, en quién todos subsistimos. El encuentro con el otro nos dispone para el encuentro con Dios, de la misma manera que el encuentro profundo con Dios nos hace capaces de verdaderos encuentros humanos.

(Música instrumental)

Lo que nos salva es encontrarnos con Dios en el otro, pero no sólo como un Dios fuerte del que recibo, sino como un Dios débil que me desinstala, me confunde en mis seguridades egoístas y me posibilita ofrecer lo mejor de mí mismo que estaba paralizado. Esa es la salvación: Dios débil está realmente necesitado en el otro y se expone en un silencio herido delante de mi.

(Música Instrumental)

Gesto: invitarles a pensar que es aquello que necesito Dios limpie en mi para poder abrirme al Misterio de la Comunión, para ser constructor/a de relaciones sanas, limpias, honestas.  ¿De qué prejuicios y rencores necesito me sane?¿Qué perdón necesito dar, o necesito pedir? ¿Cuánto amo a mi familia, a mis hermano/as de comunidad? ¿Cómo son las relaciones que tejo?¿Constructivas, destructivas?

Darse unos minutos para reflexionarlo y entregárselo a Dios.

Acompañarlo con música instrumental.

Luego de este silencio, invitarles a repetir el gesto del lavatorio de los pies como signo de querer estar abiertos a que Jesús nos lave, nos haga dignifique con su presencia, nos humanice y ponga de pie. Dejarnos lavar de todo lo que nos impide resplandecer el amor fraterno, de todo lo que nos divide, destruye y daña. Dejémonos limpiar por El para poder acompañarle estos días y cada día de nuestra vida con un corazón abierto y disponible, tierno, sensible, humano.

Canto que acompaña el momento: Lava mis pies – Marcelo Cid

Por razones de sanidad, no podremos realizar el lavatorio de pies tal como el evangelio lo presenta, pero podemos recrearlo y darle el mismo sentido. Invitarles a limpiarnos las manos los unos a los otros, con profundidad y en clave orante, dándole un valor profundo a este momento. (se puede hacer con toallitas húmedas o alcohol en gel). Que no solo nos lavemos las manos por el corona virus sino con el profundo deseo de abrirnos al sueño profundo de Dios y al clamor urgente de la humanidad: la fraternidad universal, de relaciones sanadoras, vivas y renovadas.

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