Reflexiones palautianas sobre “Fratelli Tutti”

 

INTRODUCCIÓN

Recuerdo una película del año 2000 bajo el título “Cadena de favores”. Es la historia de un chico que como el proyecto de escuela inventó una manera de cambiar el mundo. Su idea era súper fácil: si alguien te hace un favor, en vez de devolverle con favor, haz un favor a tres personas distintas. Ellas también, por su parte, no pueden devolverte un favor, sino hacérselo a otras personas, y así, consecutivamente. A pesar de su sencillez, poca gente creyó que la idea iba a llevar al éxito. El problema parecía obvio: uno necesitaba fiarse de los demás, de su sentido de honor. Y todos sabemos que del honor de los demás uno no se puede fiar. Al final el niño muere, pero su idea pervive, porque sí hubo gente que se fío y pasó los favores.

Me acordé de esta película mientras estaba leyendo la Encíclica “Fratelli Tutti” del papa Francisco. El Papa mira a la realidad de nuestro mundo de hoy y ofrece una solución que se funda en la decisión de cada persona de amar a su hermano y hermana en cualquier situación de vida. Una solución simple que depende de cada uno de nosotros y que tiene en sí el poder de cambiar el mundo.

 

DIÁLOGO DE “DOS FRANCISCOS”

En su nueva Encíclica titulada “Fratelli Tutti” (todos somos hermanos), el Papa Francisco nos ofrece una invitación firme: a luchar con todas nuestras fuerzas, posibilidades, capacidades por la fraternidad universal. Él mismo la define como “una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite” (FT 1). La necesidad de la fraternidad humana surge de la simple constatación de que estamos conectados unos con otros y con todo el mundo. “Nadie puede pelear la vida aisladamente. […] Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos!” (FT 8).

A continuación, se nos ofrece una reflexión salida de parábola Evangélica del Buen Samaritano. El Papa la usa para hablarnos de la CULTURA DEL ENCUENTRO (FT 30): «la existencia de cada uno de nosotros está ligada a la de los demás: la vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro» (FT 66) Ese encuentro está dirigido a todos los miembros de la sociedad (todos los miembros del cuerpo, en palabras de Francisco Palau). Se trata del compromiso real de los cristianos, de la incidencia de la fe que profesamos con la vida que vivimos y, sobre todo, con nuestras actitudes en frente a las necesidades de los demás. Poniéndolo en las palabras de San Juan Crisóstomo, «¿Desean honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecien cuando lo contemplen desnudo […], ni lo honren aquí en el templo, con lienzos de seda, si al salir lo abandonan en su frío y desnudez» (FT 74). A la respuesta fácil de que no está en nuestra mano ayudar a todos los necesitados, el Papa da su contra: “el engaño del «todo está mal» es respondido con un «nadie puede arreglarlo», «¿qué puedo hacer yo?». De esta manera, se nutre el desencanto y la desesperanza, y eso no alienta un espíritu de solidaridad y de generosidad” (n.75) Lo que también Francisco Palau les decía a las hermanas: “ofrécete a cuidarle y prestarle aquellos servicios que estén en tu mano” (Cta. 42,2). En otras palabras, HAZ LO QUE ESTÁ EN TU MANO, haz lo que buenamente puedas. “Cada día se nos ofrece una nueva oportunidad, una etapa nueva. No tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas. Hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia fraterna, de ser otros buenos samaritanos que carguen sobre sí el dolor de los fracasos, en vez de acentuar odios y resentimientos. Como el viajero ocasional de nuestra historia, sólo falta el deseo gratuito, puro y simple de querer ser pueblo, de ser constantes e incansables en la labor de incluir, de integrar, de levantar al caído; aunque muchas veces nos veamos inmersos y condenados a repetir la lógica de los violentos, de los que sólo se ambicionan a sí mismos, difusores de la confusión y la mentira. Que otros sigan pensando en la política o en la economía para sus juegos de poder. Alimentemos lo bueno y pongámonos al servicio del bien” (FT 77)

Vamos a lo concreto, que es lo que más me gusta. ¿Cómo hacer este sueño de una fraternidad universal realidad en nuestra vida? El Papa Francisco ofrece unas indicaciones que, para mí, tienen también un cierto sabor a “lo palautiano”:

  1. LO CERCANO, LO “PRÓJIMO”, LO CONCRETO. Una vez más leemos que “la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad (…) Nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar” (FT 87). Nosotros de una manera especial estamos invitados a mirar el Cuerpo de Cristo como “comunidad de rostros concretos” (Constituciones 22) porque solamente el encuentro con lo “prójimo” es capaz de hacernos sentir las necesidades del otro como nuestras propias y responder a ellas con un compromiso renovado.
  2. DESCUBRIR LA BELLEZA DEL OTRO. “Las acciones brotan de una unión que inclina más y más hacia el otro considerándolo valioso, digno, grato y bello, más allá de las apariencias físicas o morales. El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos” (FT 94). También aquí podemos oír lo que nuestras Constituciones dicen de nuestra propia espiritualidad que contemplando la realidad busca cómo descubrir, anunciar, devolver la belleza de la Iglesia por medio de nuestras relaciones (Const. 3). Es la misma invitación, a “percibir cuánto vale un ser humano, cuánto vale una persona, siempre y en cualquier circunstancia” (FT 106)
  3. LIBRES PARA SERVIR. El Buen Samaritano “era sencillamente un extraño sin un lugar propio en la sociedad. Así, libre de todo rótulo y estructura, fue capaz de interrumpir su viaje, de cambiar su proyecto, de estar disponible para abrirse a la sorpresa del hombre herido que lo necesitaba” (FT 101) Que también “nuestra consagración nos hace libres y disponibles para anunciar la belleza de la Iglesia”, por entero (Const. 11). Que seamos extraños sin un lugar propio en la sociedad, lugar y posición que tengamos miedo perder, lugar que podamos utilizar como excusa para no ponernos de parte de los excluidos y marginados.
  4. RELACIONES NUEVAS FUNDADAS EN EL AMOR. “La afirmación de que todos los seres humanos somos hermanos y hermanas, si no es sólo una abstracción, sino que toma carne y se vuelve concreta, nos plantea una serie de retos que nos descolocan, nos obligan a asumir nuevas perspectivas y a desarrollar nuevas reacciones” (FT 128) Nuevas perspectivas, nuevas reacciones… en fin, nuevas relaciones que “son elementos esenciales de nuestra espiritualidad. Conocer a la Iglesia es entrar en relaciones con ella. Sólo podemos conocer en profundidad a través de encuentro, en el que la persona es contemplada como imagen de Dios y objeto de nuestro amor” (Const. 8). El Papa Francisco continua en la misma línea invitándonos a construir un mundo basado en el amor, pero que éste amor tiene que empezar en nuestros propios corazones, antes de que lo exijamos de otros, también de los que tienen sus puestos en la política o economía regional o mundial. “Todo esto podría estar colgado de alfileres, si perdemos la capacidad de advertir la necesidad de un cambio en los corazones humanos, en los hábitos y en los estilos de vida (…) El mayor peligro no reside en las cosas, en las realidades materiales, en las organizaciones, sino en el modo como las personas las utilizan. El asunto es la fragilidad humana, la tendencia constante al egoísmo humano” (FT 166) “La tarea educativa, el desarrollo de hábitos solidarios, la capacidad de pensar la vida humana más integralmente, la hondura espiritual, hacen falta para dar calidad a las relaciones humanas, de tal modo que sea la misma sociedad la que reaccione ante sus inequidades, sus desviaciones, los abusos de los poderes económicos, tecnológicos, políticos o mediáticos” (FT 167)
  5. ENCUENTROS SIGNIFICATIVOS QUE CAMBIAN LA VIDA. “Hablar de «cultura del encuentro» significa que como pueblo nos apasiona intentar encontrarnos, buscar puntos de contacto, tender puentes, proyectar algo que incluya a todos. Esto se ha convertido en deseo y en estilo de vida. El sujeto de esta cultura es el pueblo, no un sector de la sociedad que busca pacificar al resto con recursos profesionales y mediáticos” (FT 216). “Lo que vale es generar procesos de encuentro, procesos que construyan un pueblo que sabe recoger las diferencias. ¡Armemos a nuestros hijos con las armas del diálogo! ¡Enseñémosles la buena batalla del encuentro!” (FT 217).
  6. UNIDAD SOBRE TODO. Francisco Palau escribía así a Juana Gratias: “Salva a todo precio la unión y la armonía” (Cta. 98,1). La misma lógica descubrimos en el escrito del Papa: “la unidad es superior al conflicto (…) cada vez que las personas y las comunidades aprendemos a apuntar más alto de nosotros mismos y de nuestros intereses particulares, la comprensión y el compromiso mutuo se transforman […] en un ámbito donde los conflictos, las tensiones e incluso los que se podrían haber considerado opuestos en el pasado, pueden alcanzar una unidad multiforme que engendra nueva vida” (FT 245).

 

CONCLUSION

El Papa parece presentarnos un mundo hecho de utopía de una fraternidad universal donde todos vivamos como hermanos, respetándonos mutuamente en nuestras diferencias y opciones de vida. Un mundo en el que todos tengan las mismas oportunidades, nadie sea discriminado. Un mundo de flores y mariposas. Mi escéptico interior se puso las botas: ¡es un mundo imposible! ¡Si ni siquiera en la Iglesia sabemos aceptar al otro de una manera incondicional entablando diálogo que enriquezca a ambas partes! Pero luego llegó la reflexión: ¿no fue éste el mundo soñado por Jesús de Nazaret? Un mundo donde los pecadores se sentaran en una mesa con los “santos”, donde las prostitutas adelantes a los fariseos, donde los niños guíen a los “crecidos” al Reino de Dios. Sí, es un mundo imposible, para los que seguimos dividiendo, poniendo a la gente en nuestros cajones mentales, colgando etiquetas a base del color, nacionalidad o estatuto social. Luego pensé que a mí personalmente me gustaría vivir en un mundo así. Y quizás a los demás también. Igual no a todos. Igual solamente unos pocos. Siempre habrá gente que prefiera aprovecharse de los demás en vez de encontrarse con ellos en verdad y libertad. Y siempre habrá gente “del otro lado”, los que prefieran sentirse víctimas para no tomar responsabilidad por su propia vida. Es un mundo difícil de lograr. Pero empecemos por pasos de un niño, empecemos por gestos sencillos y concretos, empecemos por este mundo pequeño que tenemos cerca de nosotros. Encontremos en nuestro corazón todo aquello que se muere por este mundo utópico y dejemos que salga afuera y se vaya derramando. “No cabe en el entendimiento humano sino apenas la idea, figura o imagen, y para ésta es aún preciso ensancharle, dilatarle y engrandecerle, cuya operación no puede hacerse sino con tiempo, poco apoco, cooperando el amante” (MR 22,18). Ensanchemos nuestros corazones para que este mundo de ensueño se haga realidad. Porque “alcanzamos plenitud cuando rompemos las paredes y el corazón se nos llena de rostros y de nombres” (FT 195).

Apunté tan sólo a unas pocas ideas del Papa que me parecieron más conectadas con el carisma palautiano. Por supuesto, invito a cada uno a leer el documento por sí solo para descubrir más y más. Para mí personalmente es un documento que desvela le gran ESPERANZA que el Papa Francisco alberga en su corazón como su sueño sobre la Iglesia. Es la esperanza que brota de su profunda fe de que aún estamos a tiempo, de que, en el hombre, en cada uno de nosotros, aún hay capacidad para el bien, para el cambio, para la renovación. Fe también en el mundo que aún no está perdido. Y fe en Dios quien siempre sale al encuentro del hombre buscándolo por los caminos de la vida donde a veces nos perdemos. Dios no perdió su fe en el hombre, tampoco la perdamos nosotros. Para finalizar con las palabras del mismo Papa, “invito a la esperanza, que «nos habla de una realidad que está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive. Nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor. […] La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna». Caminemos en esperanza” (FT 55).

 

Aleksandra Nawrocka CMT

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H. Aleksandra Helena Nawrocka – carmelita misionera teresiana

Nacida en Pulawy, Polonia, en una familia cristiana. Desde muy pequeña destaca su interés y pasión por la persona, la filosofía, la belleza y la música, entre otros. Elige la carrera de letras, la educación, comprometiéndose en sus años de universitaria en la pastoral social, conociendo el mundo de las personas con discapacidades mentales y físicas. En su camino de discernimiento vocacional conoce a las Carmelitas Misioneras Teresianas. Al finalizar la carrera en la Universidad Católica de Lublin (Lubelskie-Polonia) en 2004, el mismo año pide entrar en la congregación.

Su primera formación religiosa – postulantado y noviciado – la vive en la comunidad de Tarnowiec (Polonia) y en Palencia (España). En 2008 hace la primera profesión, pasa al juniorado en Paterna (Valencia-España) donde también realizará los estudios universitarios de teología en la Facultad San Vicente Ferrer (Valencia-España). En 2011 defiende la tesina obteniendo el Bachiller en Teología. El mismo año es destinada a Tarnowiec (Malopolska-Polonia), y un año más tarde a Pangantucan (Bukidnon-Filipinas). En su nuevo destino, en función de la misión, estudia la economía, el idioma cebuano e inglés.

En 2018 participa en el Seminario de Francisco Palau organizado por el EGEP en Aitona (Lleida-España) como preparación para difundir el carisma palautiano con más fuerza. Buscadora inquieta de Dios.